No sabía que había hecho algo mal.
Tan solo permanecí inmóvil.
Atónito. Solo eso.
No pensé que fuera peor que actuar.
Solo seguí caminando, sin pensar, sin girarme.
Andando. Como el que nada ve. Sin rumbo.
Sin dirección. Pero debo parar…
Es el momento de parar, de ver que tengo por delante. Ver a qué me enfrento. A observar si el camino seguido es el correcto. O si es conocido. De cambiar si es necesario.
Es ahora. Debo girarme. Debo ver qué he hecho. Qué ha ocurrido a mi paso. Qué he dejado atrás obcecado por la furia del momento. Qué tren ha pasado y he perdido.
Debo valorarlo. Si trae cuenta lo perdido, recuperarlo. Pero sin dar un paso atrás. Sin volver por el camino. Luchar por ello si es necesario. Hasta la última gota de sangre por ello.
Estoy dispuesto a todo. A recuperar lo que me pertenecía. Los trenes a veces solo pasan una vez. Iré a buscarlo si es que no vuelve. Sin descanso.

Ahora.
Solo necesito una cosa. Lo más difícil de conseguir. La luz que me de la señal. La que ilumine ese nuevo camino que recorrer en busca de lo pasado. Y esa, solo la puedes encender tú.

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